Viernes, 16 de Noviembre de 2018
La Voz Opositora Independiente

Panaderías rojitas también sucumben ante política de "precios justos"

13/10/2018 Carlos C.

El  enorme desbalance que enfrentan los comerciantes que aún tratan de subsistir bajo un régimen destructor de la economía y los empleos no es exclusividad del sector privado ya que en este proceso también han sucumbido las panaderías “rojítas”; estas, cual todos los comercios operativos actualmente, se han visto imposibilitadas de hacer frente a la dicotomía que representa mantener un precio “justo” (impuesto por el gobierno) y lograr el retorno de la inversión con algo de ganancia que les permita seguir subsistiendo.

El paquete de medidas económicas que se aplicó en agosto, el cual incluye regulación de precios para alimentos, aumento salarial de 3364 % y la reconversión del cono económico, no solo afectó a empresarios “especuladores”, como los califica el Gobierno, sino también descapitalizó directamente los 210 comercios que conforman el Frente Panadero Hugo Chávez de Caracas o Panaderías CLAP.

El Gobierno publicó una lista de precios, enmarcada en el Plan 50,  “acordados” para 25 artículos de la canasta básica, donde se señala que el kilo de harina de trigo panadero aumentó a 20 bolívares soberanos. Esto modifica considerablemente la estructura de costos para esta red de comercios, pues un bulto de 45 kilos de harina de trigo, que costaba Bs. S. 23, pasó a Bs. S. 900. Un alza de precio de 3813 % solo en presupuesto de este rubro.

En la panadería CLAP “Luchadores del Castillo”, de San Agustín, una bolsa plástica cuesta más que comprar un pan salado: 20 bolívares. Sin embargo, una de sus trabajadoras considera que mientras no aumenten el precio de la materia prima, este será el precio “justo”, aunque el último aumento casi los ahoga.

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En este comercio trabajan cuatro personas, quienes esperaron hasta dos semanas para equilibrar el cobro de su salario con lo que dicta la ley: Bs. S. 1980. Debido a que el papel del Estado es determinante en el plan de negocios para estos establecimientos, reponer la mercancía y asumir esta obligación no fue fácil, pero sobrepasar el precio de venta que impone el Gobierno, para adaptarse a la inflación, no está permitido.

La red de panaderías del Comité Local de Abastecimiento (CLAP) se fundó hace dos años y actualmente está adscrita a la Misión Saber y Trabajo y a la Superintendencia Nacional de Gestión Agroalimentaria (Sunagro). Estos dos entes son los encargados de proveer a la red de materia prima (harina de trigo, azúcar, sal, levadura y grasas) a precio “regulado”, con el fin de controlar la distribución y el precio final al consumidor.

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El precio del pan sobado en las panaderías independiente se ubica por encima de Bs. S 40 y, en contraste, las panaderías CLAP lo expenden a Bs. S 18, a lo que se suma la obligación de destinar 70% de su materia prima para producir pan salado al precio ya mencionado. Antes del aumento, aplicado hace tres semanas, el pan costaba Bs. S. 2.

A las panaderías CLAP las matemáticas no les dan y para tratar de garantizar el precio final al consumidor (Bs. S. 18), la Misión Saber y Trabajo creó un mecanismo de subvención, según el cual el Centro de Distribución de Materias Primas otorga un plazo de pago de dos semanas para entre 25 % y 50 % de la materia prima que adquiera cada “unidad productiva”. Mientras tanto, las empresas privadas ofrecen 45 días de financiamiento a este centro, encargado de abastecer a la red de panaderías CLAP del Distrito Capital.

Alejandra Pacheco, administradora del Centro de Distribución de Materia Prima, informó a Crónica.Uno que esta es la primera vez que realizan este tipo de financiamiento, ya que hubo un aumento desproporcionado luego de la reconversión monetaria. La funcionaria se pregunta:

¿Cuántos panes tienes que vender para reunir Bs. S. 900?”. “Se dio esta medida para impulsarlos porque casi todos se descapitalizaron (…) Los que tenían para comprar 100 sacos de harina, luego (del aumento) solo tenían para comprar cinco”

Estos pequeños productores obtienen entre 50% y 80% de sus ganancias con el pan dulce; sin embargo, desde septiembre solo pueden destinar 30% de materia prima a la producción de golfeados, acemitas, polvorosas, tortas, pan andino y otras presentaciones.

Indican los panaderos que de estos rubros es de donde se saca el dinero para cubrir los otros gastos como nómina, papelón, canela, levadura, bolsas y el resto de materiales que compran “bachaqueado” en los mercados ordinarios.

La panadería CLAP “Luchadores del Castillo” pertenece al eje 1 de Caracas y atiende a seis CLAP de la zona, a los cuales debe responder con los 96 sacos de harina de trigo que le entregan mensualmente. Pero vender el pan sobado a 18 bolívares no reporta “ni 10 % de ganancia” y, por lo momentos, tiene materia prima para trabajar, pero no siempre ha sido así.

Durante el último encuentro con autoridades de la Alcaldía de Caracas, del ministerio de Comercio y de Sunagro, realizado en el Teatro Nacional de Caracas, los voceros de esta red señalaron su preocupación por constituir un molino de propiedad pública. La escasez de trigo panadero paralizó las actividades de una parte importante de panaderías durante junio y agosto, ya que el centro de distribución se abastece, “en su mayoría”, de empresas privadas, según informó Alejandra Pacheco.

El mayor proveedor es la empresa trasnacional Cargill Venezuela (harina de trigo), seguida de Empresas Coalba (sal), Palmar (azúcar) y la Red Venezuela de Empresas Aura (grasas), pues a través de la Resolución 010/16 del Comando de Abastecimiento Soberano se establecieron los mecanismos por los cuales las empresas privadas o entes públicos deben vender un porcentaje de su producción a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Pacheco agrega que “todo depende de dónde se pueda conseguir la materia prima”.

Con el arribo de 15.000 toneladas métricas de trigo panadero al puerto de Guanta (Anzoátegui), el 28 de septiembre, las autoridades de la alcaldía, el Ministerio de Comercio y Sunagro se anunciaban triunfantes para garantizar el abastecimiento durante el próximo mes en el Distrito Capital; para los próximos dos meses, “Dios proveerá”.

Solamente en Caracas, el Centro de Distribución de Materias Primas tiene la capacidad de almacenar 28.000 sacos de harina de trigo panadero. No obstante, según la intendenta de operaciones de Sunagro, Carmen Diamon, se requieren al menos tres buques de trigo panadero para satisfacer el consumo nacional.

Al menos dos de las panaderías CLAP inauguradas en julio están cerradas por falta de materia prima. Vecinos y encargados de dichos establecimientos recuerdan que la inauguración arrancó con un capital “semilla” que apenas alcanzó para trabajar un mes. Desde entonces, no abrieron más.

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En el urbanismo Salvador Allende, ubicado en Catia, se inauguró una panadería CLAP el 10 de julio del presente año, en un evento que contó con la participación de Aristóbulo Istúriz, quien en ese momento era el Ministro del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales. Se esperaba atender a 1376 familias del sector, una cifra que se apagó con la misma promesa. Hoy, tres meses después, los trabajadores esperan, con ansias, el momento de retomar sus puestos de trabajo.

Este establecimiento fue amueblado con una amasadora, 70 bandejas, una nevera industrial, dos hornos de cinco puertas, una cortadora de masa, una máquina moldeadora de pan, un mesón y vidrieras, pero la regulación de precios prácticamente convirtió el trabajo en pérdida. No resultó rentable para adquirir materia prima el segundo mes, admiten Rosa Guerrero y Carmen Sánchez, habitantes del Urbanismo Allende y encargadas del establecimiento.

Empezaron con 50 bultos de harina, dos bultos de azúcar, una caja de levadura, una caja de manteca que les entregó la Misión Saber y Trabajo y ellos mismos compraron la sal, los clavos, el anís y los materiales para la dulcería, pero lo recaudado solo alcanzó para pagar la materia prima y “colaborar” con los trabajadores.

“Queremos trabajar”, dicen, entusiasmadas, Carmen y Rosa. Están dispuestas, afirman, a trabajar para los seis CLAP que hay en esta zona popular, por lo que ahora aspiran a un crédito bancario. Como la de ellas, otras 21 panaderías recibirán dinero, según anuncio oficial.

Por otra parte, en el urbanismo OPPPE 69, de la Gran Misión Vivienda Venezuela de Sabana Grande, también se inauguró una panadería el 13 de julio. La intención era atender a 1800 familias de la zona, pero este local también “trabajó un mes” y nada más, asegura una residente.

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Frente a esto, en el Centro de Distribución de Materias Primas para el Distrito Capital advierten que estas panaderías aún no tienen un código en el Sistema Integral de Control Alimentario (SICA), el cual es un requisito para emitir las guías de distribución autorizadas por Sunagro. Sin su aprobación, nada. Este es un sistema integral de distribución de alimentos que fiscaliza la producción, procesamiento, distribución, exportación e importación de materias primas que se nutre de información, en tiempo real, para monitorear lo concerniente a escala nacional.

En medio de la escasez, encontrar gran parte de la materia a precio “regulado” y en un solo lugar es un privilegio del cual nunca antes habían disfrutado, pero la inconformidad es evidente. Ahora gozan de menos libertades.

Vinicio Freires, quien trabajó por 15 años en la producción artesanal y se unió al frente panadero, recuerda que antes, en “otros tiempos”, se podía comprar la cantidad de mercancía que quisiera en Quinta Crespo o Guaicapuro, por nombrar algunos lugares icónicos. Pero, ahora, las empresas privadas lo rechazan al identificar que su código SICA coincide con uno del frente panadero.

Redacción Secretos Revelados




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